El presidente Nayib Bukele desmintió categóricamente al secretario de Seguridad de México, Omar García Harfuch, tras vincular una avioneta con droga incautada en Colima con El Salvador. Con documentos, radares y hasta la identidad de los detenidos, el mandatario salvadoreño desmontó la versión oficial mexicana y exigió una rectificación inmediata.
El efecto fue casi instantáneo. Un par de horas después, el propio secretario mexicano, Omar García Harfuch, publicó un comunicado en el que intentó precisar la situación. Dijo que la traza se detectó a 200 km al sur de San Salvador, omitiendo que eso representa un espacio marítimo internacional y no el espacio aéreo salvadoreño. Reconoció finalmente que los detenidos son mexicanos y que ya están siendo procesados por delitos relacionados al narcotráfico. Sin embargo, en ningún momento ofreció una disculpa o rectificación directa.
El Salvador exige disculpa de México
Esto llevó a un nuevo pronunciamiento de Bukele, quien, con un tono firme pero diplomático, respondió:
«Señor Secretario, con todo respeto, la información que usted comparte esta vez, si bien es real, omite señalar que no existe ningún indicio de que la aeronave proviniera de El Salvador. Por el contrario, no se trataba de una aeronave salvadoreña ni contaba con tripulación salvadoreña.»
Bukele remató su mensaje concediendo el beneficio de la duda, atribuyendo lo dicho en conferencia de prensa a un posible malentendido, pero reiterando la necesidad de una aclaración más precisa que deje absolutamente claro que El Salvador no estuvo involucrado ni remotamente con el caso.
Este episodio no solo evidencia la firmeza del Gobierno salvadoreño al defender la soberanía y reputación del país, sino que también expone las inconsistencias y falta de transparencia con la que México manejó inicialmente el caso, algo que inevitablemente deja muchas preguntas en el aire sobre por qué tardaron tanto en revelar la nacionalidad de los verdaderos responsables.


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