Investigaciones revelaron que parte de la ayuda enviada por Taiwán tras el terremoto de 2001 fue manejada de forma irregular por el expresidente Francisco Flores y nunca llegó a los damnificados.
El terremoto del 13 de enero de 2001, que dejó más de 1,200 personas fallecidas en El Salvador, no solo expuso la vulnerabilidad del país ante los desastres naturales, sino que años después derivó en uno de los mayores escándalos de presunta corrupción política relacionados con la ayuda internacional.
Tras la tragedia, El Salvador recibió apoyo de la comunidad internacional para atender a los damnificados y avanzar en la reconstrucción. Entre los países donantes estuvo Taiwán, que habría entregado alrededor de 10 millones de dólares como ayuda económica al Estado salvadoreño.
Sin embargo, investigaciones fiscales y legislativas establecieron que los fondos taiwaneses fueron entregados directamente al entonces presidente de la República, Francisco Flores, quien gobernaba bajo la bandera del partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA). De acuerdo con los hallazgos, el dinero no ingresó a cuentas oficiales del Estado ni fue administrado mediante mecanismos institucionales.
Las indagaciones señalaron que al menos tres cheques —por montos de 4, 5 y 1 millón de dólares— fueron manejados de forma irregular, sin respaldo contable ni destino comprobado hacia programas de reconstrucción por los daños del terremoto. Parte de esos fondos, según las investigaciones, habrían sido distribuidos a dirigentes del propio partido ARENA, en lugar de llegar a las comunidades afectadas.


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